En lo más profundo del mar
se refugian mil pensamientos,
y perturbadores recuerdos de
acontecimientos, que habré
vivido, no recuerdo.
Y es cuando por las noches,
escucho el sonido del viento;
calmo, seco, una tranquilidad
que inquietante, asusta.
Y el armonioso roce de las olas
en las rocas de la orilla;
donde mis recuerdos juegan
y de mi ser, se adueñan.
El suave brillo de la Luna
penetra incansable a través
de la fría ventana; su luz contrasta
eso que muchos dicen, me falta.
Miro el azulado cielo, y pienso
tanto y en tanto que no recuerdo.
Las copas de los árboles bailan
al compás de la dulce melodía,
que suena todas las noches,
en mi plena soledad de agonía.
Y en las frías noches, extraño
ese sentimiento cálido que no
permite que sienta miedo, que
me envuelve entre sus mantas.
Y es ahí donde el pánico se
adueña de mí, y no puedo hacer
nada para evitar de allí, salir.
Los latidos de mi corazón,
paulatinamente aceleran;
me pierdo, me hundo profundo
en un camino sin rumbo.
(25-10-07)
jueves, 6 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario